Me parare y me sentare cuantas veces mande el protocolo memorizandome el incienso que tanto me duerme. Y el que estara a mi lado, se molestara.
No me importara, of course.
Vestirme de negro no marcara ninguna diferencia, pues pareceria una mota gris en medio del gentio si me ven con ojos de pintor. Cuando clamen por la culpa de la humanidad entera, la susurrare en latin, pues se oye más reverencial y me dare en el pecho con un martillo.
Mi cara no sera mi cara. Sere alguien que tiene cejas, ojos, nariz, orejas y... boca, por puro adorno.
No las necesito.
Sin embargo, y pensandolo mejor, si necesitare la boca, pues es la culpable de todo.
De decir sin pensar. De sonreir cuando en realidad se quiere llorar y arrugarla hasta provocar una mueca desagradable. Y levantar sospechas con un simple gesto, que, con este accesorio del cuerpo humano, puede resultar faltal.
Me siento con la culpa de una asesina por error.
Pero claro... sin sospechas.